domingo, 26 de abril de 2009

parloteo

¿Os creé, me creasteis?
Rastros de la memoria,
Guardados por mi cráneo
Sin ser visto.

Estación del amor;
Mil dioses atrapados,
Chinos, griegos o egipcios,
En el frío fluir
De la bañera,
Sin nada que decir;
Sólo abortos de palabras desangradas.

Textos chinos, textos griegos

La escritura china es un sistema semiótico en íntima relación con lo real. No hay ruptura entre los signos y el mundo, entre el hombre y el universo: "El primer ideograma consta de un solo trazo horizontal, su trazo es un acto que separa, (y por lo mismo une) el cielo y la tierra".

Combinando los trazos básicos se obtienen ideogramas, pero en cada signo, el sentido codificado nunca logra solapar otros más hondos que permanecen siempre dispuestos a brotar. Los signos ideográficos no copian el aspecto de las cosas, sino que las recrean por medio de rasgos esenciales, cuya combinación nos quiere revelar su esencia. Hombre, cielo y tierra se complementan, y el hombre debe ordenar el universo para hacerlo habitable. Debe encontrar su lugar entre las cosas, y para ello las interioriza y las vuelve a crear. Wen es un término chino polisémico, que puede significar escritura, lengua, estilo, literatura, civilización.... Origináriamente designaba las huellas dejadas por algunos animales en la madera o las piedras, el conjunto de marcas armoniosas por las que la naturaleza adquiere significado, y la escritura que hacen los hombres copia estos signos naturales.
El wen permite al hombre adentrarse en el misterio de la naturaleza, y así, las obras bien hechas restituyen las relaciones secretas entre las cosas y el aliento que las anima. Cuando un calígrafo aborda un poema, no se limita a copiarlo; resucita el movimiento textual y el poder imagianrio de los signos. Se amolda a la cadencia física del poema, y en cierto modo lo vuelve a crear.


La dimensión emotiva del texto no concierne sólo a los textos poéticos. Todo texto parte de la incitación de la experiencia subjetiva. No se entiende la posiblidad de un texto puramante especulativo, desgajado de la personalidad de su autor, ni de la conciencia del destinatario al que va dirigido. No hay textos teóricos frente a textos creativos, como tampoco se puede hablar de textos clásicos, porque no se entiende el antagonismo entre la permanencia y el cambio, ni entre lo que sea la esencia, frente al mero fenómeno. El texto confunciano "funda el presente , continuamente renovado, de la civilización".

En occidente el logos es ajeno a la naturaleza. El discurso occidental distingue entre la sustancia y lo accidental, lo verdadero y lo imaginario. Los clásicos se leen con la intención de emularlos, y cada vez que se retorna a las fuentes se hace con la vista puesta en el progreso. La tradición literaria occidental sufre de una pasión inacabada, de una tensión sin fin por conseguir el texto perfecto, la obra verdadera inalcanzable.

Marcel Detienne al final de su libro Los griegos y nosotros, se pregunta de donde viene nuestro interés por comparar culturas diferentes. Por un lado, la perspectiva de varias experiencias ofrece tonificantes espacios para pensar, y además, al observar varios procesos, podemos analizar de forma microscópica sus componentes y admirarar su desarrollo entre todos los posibles, igual de válidos, igual de viables.


Los griegos y nosotros / Marcel Detienne



La urdimbre y la trama / François Julien

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