domingo, 29 de noviembre de 2009

Tardes II

Son las seis menos diez
y estoy nerviosa;
demasiado quehacer
para apoyarme
en las ramas desnudas
y ver pasar el sol
muerto en violeta.

Debe haber algo más;
quizás en esos campos
sin otoño,
insomnes de color,
vestidos siempre.

Dicen que hay algo allí,
más allá de las nubes,
pero que no contesta
ni escucha nuestros gritos.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Tardes

Las tardes de noviembre
tienen brillo caduco,
que sabe a que no hay tiempo,
a haber perdido el tren
y que era el último.

Son como un paisaje
en el que ya no somos,
donde no queda sitio
porque a la misma hora
el día se levanta en las antípodas
y nuestro sol se acaba.

Pero después de cuarenta
o de cien años,
sólo sabemos tejer
o destejer
los mismos juncos
tan suaves ya a los dedos
como un cuerpo querido.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Estrella

Si dejo de ser yo
y entro en tu mente
como animal discreto
en un rincón oscuro.

Buscaré entre los trajes de la infancia
el que mejor convine
con tus deseos rotos
y tu avanzar errático
en este largo día
que fuera durar siempre.

A veces me conformo con mirarte
y captar en mi cámara
las posiciones fijas de tu estrella,
pero yo no sé nada de los astros,
más que me dan la noche,
para ocultarme en ella.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Post mortem

Detrás de la subida
y el desgarro,
la espiral de calor
y el estallido,
otra vez la noche aislada de los cuerpos,
el motivo simétrico en la almohada,
el animal que duerme,
siente y come arrastrando su herida,
como una amiga vieja,
que le espera sin prisa
cada nueva mañana.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Claridad

Al final de la ciudad,
las calles se desangran
como brazos enfermos.

Empañados y grises,
como hojas cautivas
de un otoño sin viento,
buscan la claridad
los ojos ciegos.

No hay luz para leer,
no escribo nada:
Se incendia el horizonte
en las afueras.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Vanidad

Vanidad:
querer ponerle letra
a la canción del tiempo,
cuando nada mejor llena el silencio
que el viento de noviembre
arrancando las hojas.

¿Si no hubiera más hombres,
si nadie más leyera
o te escuchara,
seguirías vertiendo
largos ríos de tinta
que tardarán cien años
en volver a ser agua?

Si al menos te bastara
con vestirte de fiesta,
clavel en la solapa
y traje de domingo;
sólo un día cualquiera
que la memoria guarda
o esconde en el estrato
de los días felices.


Infancia

La infancia es un estrato en el paisaje;
el humus del que beben las raíces,
oculto,
necesario.
Un día nos sellaron la crisálida
con unos cuantos libros
y mucha soledad.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Convaleciente

El cielo entero para mí,
roto al poniente,
como bálsamo frío.

La sombra de la noche
oculta los caminos;
hay tantas cosas
sin mí
que me avergüenzo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Monólogo aburrido

Otra vez en la calle de semáforos rojos
el relámpago rosa,
que recorre las nubes
como una niña inquieta
que enseña sus enaguas.
Le mando un beso y sigo;
un día reluciente y sin sorpresas,
quizás algún atasco a la entrada del túnel
mientras que Henry Purcell
viste mi velocidad
con traje melancólico.
Los árboles risueños tienen hojas de otoño,
la ciudad queda lejos
y mi tiempo es pequeño
y voy en coche
y el horizonte acaba
a diez kilómetros,
con el placer sensato
del trabajo bien hecho.
Las sorpresas estallan en el aire
y yo cierro los labios;
que la brisa no sepa,
que las hojas no sepan,
que la tierra no sepa,
que he lanzado mi queja
contra el cielo infinito

domingo, 1 de noviembre de 2009

Morir, dormir...

El cansancio ha devorado
tu apostura,
como un insecto leve y silencioso.

Forma eres,
no más que una cáscara hueca
de la que se ha vertido
hasta la última gota.

Morir debe ser eso:
arrebatada el alma por los brazos del sueño,
deshabitar el cuerpo.

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