Tardes

Las tardes de noviembre
tienen brillo caduco,
que sabe a que no hay tiempo,
a haber perdido el tren
y que era el último.

Son como un paisaje
en el que ya no somos,
donde no queda sitio
porque a la misma hora
el día se levanta en las antípodas
y nuestro sol se acaba.

Pero después de cuarenta
o de cien años,
sólo sabemos tejer
o destejer
los mismos juncos
tan suaves ya a los dedos
como un cuerpo querido.

Comentarios

Inverosimil-Felipe ha dicho que…
ME HE CONVERTIDO EN UN FIEL LECTOR QUE ESPERA, TUS SUTÍLES ENTREGAS.
GRACIAS.
Susana Corullón ha dicho que…
Gracias a ti, Felipe, no es poca cosa tener un lector ;)

Entradas populares