domingo, 30 de septiembre de 2012

viernes, 28 de septiembre de 2012

miércoles, 26 de septiembre de 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

lunes, 24 de septiembre de 2012

sábado, 22 de septiembre de 2012

Otro intento fallido


Ensimismada en tu libro, tenías esa hermosura silenciosa que da la madurez. Al primer fogonazo me pareciste una persona apacible, de esas que te llenan la tarde de un domingo solo con sentarte a su lado. No creo en los flechazos y no lo fue, simplemente los dos teníamos ganas y las circunstancias nos ayudaron. Tal vez el viejo Rumi anduviera por allí también urdiendo los hilos. Místico o mistificador, manejaba como nadie el lenguaje del deslumbramiento amoroso para hablar de Dios, y yo llevaba inoculando en el alma varios meses sus cuartetos, sin otro referente para echar mano, que recuerdos empolvados de los 20 años. El amor puede pasar en poco tiempo, de ser la experiencia más dichosa a la más triste y por eso nos esforzamos muchas veces en callarlo bajo paletadas de cal viva. Rumi había despertado al monstruo.

Su bucle negro y su esbelta altura, contempla.
El dulzor de aquel granate azucarado, contempla.
Dije: dame un beso del diezmo de hermosura.
Se volvió sonriente y dijo: su locura contempla”*

*(Traducción del persa de Clara Janés y Ahmad Taherí)

De la Fnac fuimos a un café cercano, los compatriotas se sienten más unidos en el extranjero, hablamos, hablamos y hablamos. Todo lo tuyo me resultaba entretenido, fascinante, apetecible. Miraba codicioso tu mundo con unas ganas locas de entrar en él. Tenías algo de maga, porque mi vida no se me antojaba pobre e insípida a tu lado. Todo lo contrario: me nacían alas en los pies. Mi triste vida crecía y crecía hasta llegar a tu altura, complementabas mi materia y me sentía fuerte.
Se supone que debería estar inventando una historia sin mí y aquí estoy tirando del hilo de los recuerdos. Nunca le enseñaré a Javier estas páginas, no paro de transgredir sus recomendaciones, pero es tan fuerte la tentación de recordar... creo que te lo debo, se lo debo a nuestra vida juntos. Muchas veces rememoramos aquellos años, era como revisar la visión oficial, la que habríamos contado a nuestros hijos una y mil veces de haberlos tenido, pero muy pocas veces a solas, había jugado a conjurar fantasmas. La lealtad a veces nos limita, a solas sacamos a la fiera y nos deleitamos con su fealdad. Cuando estamos solos somos de verdad sinceros. Estos cinco meses han sido un vacío, y antes, tu enfermedad me tenía amarrado al presente. Los años, el desgaste habían debilitado los recuerdos. Mi vida dejó de ser dócil a tu encanto y me crecieron ramas y raíces fuera de tu control, a ti también, aprendimos a vernos con apéndices nuevos. Ahora el círculo se ha cerrado, no caben más palabras ni más fugas: eso es lo que fuimos, la vida no da para mucho. Aquellos calambres amorosos no volverán a reinterpretarse, nadie sacará más conclusiones solo queda el pasado en su estado más puro.

Todo esto es absurdo, estoy intentando escribir una historia, cuando lo que me apetece de verdad es ver pasar el tiempo, recrearme mirando las nubes, y dejar entrar a los recuerdos.
Es inútil, Javier, lo he intentado. La verdad es que no me apetece nada inventarme otras vidas.

viernes, 21 de septiembre de 2012

jueves, 20 de septiembre de 2012

Una oportunidad

Lola y yo nos conocimos bastante mayores, los dos vivíamos entonces en París; ella tenía una beca de doctorado, y a mí me había enviado allí la empresa para supervisar una nueva sucursal. Yo deambulaba aburrido por la Fnac de Les Halles, buscaba libros sobre poesía persa. No soy un gran viajero, pero desde siempre me han interesado las culturas exóticas. Para mí aún estamos en el siglo XIX, y casi me parece contranatura poder llegar en unas horas al otro extremo del globo. ¿Pensáis que me limito? Pues sí, desde luego. Hay muchísimos lugares que no conoceré jamás, como también hay infinitas personas en el mundo con las que nunca me trataré. Bien, Javier, para que veas que no quiero caer en la trampa de terminar hablando de mi vida, el protagonista de mi historia sí que va a ser un gran viajero.

Pero ahora estábamos en Les Halles una tarde de octubre. El amor en octubre es una especie de regalo, porque cuando termina el verano, uno vaga sin rumbo con unas ganas mortales de no repetirse, de no volver a caer en lo mismo que le llevó de cabeza hasta que llegaron las vacaciones. ¿De qué huía yo ese año? No lo sé muy bien.

Los dos pasábamos de los 30 y nuestra vida funcionaba. Ella había conseguido una beca en la Sorbona y tenía muchas posibilidades de seguir en la universidad al volver a España. A mí no me apasionaba mi trabajo, pero metido en faena era capaz de tener ideas brillantes y mis jefes me respetaban. Para los ratos libres tenía el farsi, los cuartetos de Rumi y un par de compañeros con los que me llevaba bien para tomar una cerveza de vez en cuando. El amor visto desde lejos es algo incomprensible: éramos libres y el mundo entero giraba a nuestro alrededor, solos en París con la vida al alcance de la mano. Toma nota, Javier, mi personaje será un viajero empedernido y además un solterón confeso de esos que huyen del amor a menos de dos metros de distancia. Me decías que además de personajes definidos, es importante pensar de antemano un argumento: lo tengo, mi solterón se enamorará no sé cómo de alguna nativa de un país que le va a dar algo que nadie le ha dado hasta ahora. Pero para encontrar algo, hace falta buscarlo al menos inconscientemente ¿encuentra acaso amor quien solo buscaba un libro en la Fnac? Bueno, a mí al menos me ocurrió. ¿De dónde habías sacado ese libro en español, que me llevó a reconocerte como compatriota? Soy un hombre tímido y no suelo abordar a desconocidos, pero a veces como un resorte, se me despierta la osadía. Cuando veo la oportunidad ante mí se pone en marcha un mecanismo en mi interior. En un segundo mi indolencia se convierte en ansiedad, es como oír acercarse el metro mientras bajas al andén: no puedo reprimir el impulso de correr y entrar por la puerta que se abre.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

La terapia

Me llamo Juan Rodríguez López y soy viudo desde hace cinco meses. Un amigo escritor me recomendó que intentara recuperar las facultades literarias perdidas, cuando él y yo nos intercambiábamos escritos en los tiempos de la facultad. El no ha dejado de escribir en estos años, pero yo por indolencia o por razones variopintas que intento disfrazar de metafísica, no he vuelto a enfrentarme a la prosa de ficción. Informes y resúmenes los redacto a diario por mi trabajo, pero emular a la vida son palabras mayores. A mí me encanta dejarme trastear por el destino y reírme con media sonrisa de las cosas que me pasan. Mi talento nunca podría imitar ni de lejos la soltura descarada de la vida.

También tengo razones prácticas además de la pereza. Yo nunca he sido un buen observador, ni de gentes ni de cosas. Se puede decir que voy a salto de mata por el mundo, según mis intereses y mis estados de ánimo. Cojo cinco cosas de aquí y cinco de allá y el resto se me pierde en la noche del olvido. Con tan escaso interés por la naturaleza humana, ¿Cómo quiere Javier hacer de mí un escritor? Aquellos ejercicios de juventud, no eran más que esfuerzos vanos, nacidos a la sombra de la novela de turno que me sorbiera el seso en esos días. Después de varias páginas, los personajes dejaban de interesarme y se convertían en máscaras sin gracia que me devolvían mis defectos agrandados. Eran como los fantasmas de mi cocina y me sabían a rancio. Terminaba por encerrarlos en el cajón y marcharme a escuchar las voces de la calle: imprevisibles, nuevas y nunca jamás mías.

Y aquí estoy al cabo de los años, probando otra vez el juego de inventarme a otros para dejar de ser yo, que en este preciso instante es lo que más me apetece en este mundo.

Siempre que me planteaba escribir, comenzaba por elegir el sexo y la edad del personaje. Las mujeres me daban un poco de miedo, son complicadas y ya hablan demasiado unas de otras. Siendo un hombre nunca podría emular a ninguna de las numerosas mujeres ocupadas en escribir sobre lo que piensan las mujeres. Y si elegía un hombre, sabía que tarde o temprano terminaría pareciéndose a mí. Me hubiera gustado escribir sobre seres alados y sin sexo, pero entonces la profundidad psicológica se habría ido al garete. Tengo 56 años y no he tenido hijos, eso significa que Juan Rodríguez López quedará en el recuerdo de mis hermanos, y algo en el de mis sobrinos y los de Lola. A mis años tengo ya unas cuantas experiencias acumuladas, creo que ya he hecho méritos para que hablar de mí no me produzca hastío, y tal vez hasta le interese a alguien. Fuera pudores, me abandono al primer personaje de tres al cuarto que se me ocurra y que esté dispuesto a cargar con el peso de mi vida.

Se me olvidaba decir, que para motivarme más, Susana, una amiga de la familia, se ha ofrecido a publicar en su blog lo que vaya saliendo de mi pluma. Ahora, con tantos ojos puestos sobre mí, no me va a quedar otra que seguir enhebrando una historia….

lunes, 17 de septiembre de 2012

Septiembre

Septiembre es parecido
al final de la vida,
ya no se espera nada
del verano.
No duelen largas horas
como campos vacíos,
se puede oír a Dios
ya sin interferencias.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Temporada

El mejor lugar
para el invierno,
tiene pocas cosas
y las personas justas,
silencio para oírse
y ventanas al cielo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Debilidad

Empezar septiembre
como se empieza mayo,
sin darnos una tregua,
tal vez nunca podríamos
dárnosla.

Fortaleza

Escalar un momento
paredes verticales.
Mis músculos son parte
de la vida.

martes, 11 de septiembre de 2012

Camino

Alguien a quien le has dado
todo,
para quien no hay
secretos,
siempre tiene
el camino despejado.

lunes, 10 de septiembre de 2012

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tesis y antítesis

Al amor le fue extirpando
órganos:
lo que tuvo de llama,
de iniciación,
de mito.

¿Cómo bajarlo del cielo
y guardarlo en el bolso,
cómo utilizarlo de moneda?

.................

¿Quién te dio permiso
para pintar el cuadro,
para entender los nombres?
Ellos te alcanzaron al andar
como las sombras.
Déjate seducir
por las mañanas
nuevas.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Limpiar

He de barrer el patio
cada día.
Me levanto temprano
y limpio con presteza
es importante
que todo quede pulcro
que los restos
no atraigan a las aves.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Algodón

A tu lado me llevas
y me llenas
de amor y algodón blanco
para curar distancias.

En el paisaje abierto
no hay árboles ya
para esconderse.
Todo está bien aquí.

martes, 4 de septiembre de 2012

Imperfecto

Seguiré al sol otra vez
en tardes que no son
más que una tarde.
Ahora sin desamor,
con las alforjas llenas.

lunes, 3 de septiembre de 2012

domingo, 2 de septiembre de 2012

Abandono

De cómo las palabras
se hacen viejas
cuando pierden su objeto.

De cómo se desnudan de la vida
cuando las abandonas.

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