Monólogo aburrido

Otra vez en la calle de semáforos rojos
el relámpago rosa,
que recorre las nubes
como una niña inquieta
que enseña sus enaguas.
Le mando un beso y sigo;
un día reluciente y sin sorpresas,
quizás algún atasco a la entrada del túnel
mientras que Henry Purcell
viste mi velocidad
con traje melancólico.
Los árboles risueños tienen hojas de otoño,
la ciudad queda lejos
y mi tiempo es pequeño
y voy en coche
y el horizonte acaba
a diez kilómetros,
con el placer sensato
del trabajo bien hecho.
Las sorpresas estallan en el aire
y yo cierro los labios;
que la brisa no sepa,
que las hojas no sepan,
que la tierra no sepa,
que he lanzado mi queja
contra el cielo infinito

Comentarios

Inverosimil-Felipe ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Inverosimil-Felipe ha dicho que…
Parece que nos vemos en lo oscuro.
Me cuesta digerir tus últimos poemas, porque se clavan y hieren y a veces uno no quiere ver.
Pero también se comparte el lado mas "jondo" de la vida.
Y eso es indispensable
Susana Corullón ha dicho que…
Es que ya vamos estando un poco otoñales ;)
Soledad Sánchez M. ha dicho que…
La experiencia más sencilla o anodina, se vuelve bella poesía en tus versos.

Una hermosa forma de recrearnos el otoño.

Un beso.

Soledad.

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