Manchas

¿Quién puso allí
esos ruidos
y esas manchas?

Hace un año tus ojos
eran ojos
y no esas pozas sin forma
donde mueren los pájaros.

Te quise en esas tardes en que huías
por el hueco infinito
de tu pecho vacío,
mientras mi carne ciega,
prendida de entusiasmo
te nombraba.

Hoy no soy ya más llama
ni volcán, ni río;
de los flujos que ardieron
sólo quedan
las ramas, la corteza,
que extiendo sobre ti
para abrigarte,
hasta sanar tus llagas.

Y si acaso éstas ya
no dejaran tu cuerpo,
diríamos los dos
las palabras prohibidas
que la noche no teme,
ni el viento, ni la luna.

Comentarios

Soledad Sánchez M. ha dicho que…
Unos versos muy hermosos Susana. Desprenden pasión y amor profundo por el amor herido.

Un beso.

S.

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