Los cuervos

No pienses en mi queja,
como el grito de un cuervo,
que parte en dos
la tarde de verano.

También había cuervos,
la tarde en que intentaba
aprender a estar sola.
Esa tarde,
los cuervos y cigarras
me rompieron los tímpanos,
para dejar que el alma
huyera libremente.

Si entonces lloré,
ya lo he olvidado,
hoy escucho a los cuervos
en el mismo paisaje,
con la sorpresa
del que no espera nada.

Comentarios

Meri Pas Blanquer ha dicho que…
Me ha encantado tu poema, el presente se nutre con los pesares del pasado y ya no duele... aunque todavía se escuchan esos sonidos de los cuervos acechando.
Rafael ha dicho que…
El calor y los ruidos del verano, paredes de una cárcel en la que yo me ahogo.

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