Infame

Era infame engañar
tu confianza,
tu crédulo abandono
en unos brazos blancos,
sin nervios ni músculos,
brazos como la nieve,
que te empapan,
hasta dejar pegada el alma
a tu camisa.

Pero tú has recorrido
muchas veces
el trayecto del sol,
y sabías ya de infamias
y de juegos.
Lo sabías, ¿Verdad?
Y lo aceptabas,
como una posibilidad
sobre la que nunca escribiríamos

Comentarios

Meri Pas Blanquer ha dicho que…
Una posibilidad era, pero al final lo escribes... y yo me alegro porque me gusta leerte.

Besos
Rafael ha dicho que…
¿Dónde la infamia? ¿Dónde el engaño? La nieve se funde, el agua se evapora; hay brazos de carne, hay brazos de aire, hay brazos de sueños. Todo tiene su particular naturaleza y hasta el sol te confunde con su aparente homenaje.
Aguda, siempre te muestras aguda, querida Susana.

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